La Atención Plena en la práctica del Kárate-Dô

                                                                                      Gijutsu yori shinjutsu.

                                                   “El espíritu es más importante que la técnica”.

5º precepto de Gichin Funakoshi publicado en su obra Karate-Dô Taikan

1.- Introducción

El Kárate-Dô es una excelente actividad para entrenar la atención plena (Mindfulness), mejorando la calidad de la práctica del Kárate, y también la calidad de vida en general. En la sociedad moderna, el ritmo acelerado genera en nosotros estados de estrés, dispersión, alienación, ansiedad, y agitación emocional. La práctica regular del Kárate-Dô nos permite detener este ritmo frenético (que suele acabar enfermándonos), y reconectar con el cuerpo, la respiración, las emociones, la mente y con nuestra interioridad. Es sin duda una actividad saludable que ayuda a producir la homeostasis y a reequilibrarnos.

La atención plena, implica estar presente, aquí y ahora, sin distracciones y sin juicios. Es conexión con nuestro cuerpo, con la respiración, con las sensaciones, las emociones y los pensamientos. Presencia plena en aquello que estamos haciendo, aquello que está sucediendo en el momento presente, dentro y fuera de nosotros, aceptándolo tal y como es.

2.- Recomendaciones a la aplicación de la Atención Plena a las clases de Kárate-Dô.

Preparación para entrar al tatami.

Antes de entrar al tatami, abre la mente a la oportunidad de aprender en esta nueva clase (actitud shoshin: mente de principiante). Tomo conciencia de que el Dojô es un espacio de aprendizaje para la vida. Lo que se aprende en el Dojô, tiene su proyección en la vida personal, profesional, social y familiar. Al entrar al tatami saluda a los maestros que enseñaron la Vía y al espacio de práctica, con la humildad del que anhela aprender (shoshin).

Mokusô.

Es un término japonés para meditación que podemos traducir por “mirar en silencio hacia el corazón”

  • Posición. Nos sentamos en seiza (de rodillas). Dirigimos nuestra atención a nuestro cuerpo, y tomamos conciencia de las distintas partes que conforman la posición correcta mientras nos vamos relajando. Tomamos conciencia de que la columna está recta, la barbilla ligeramente retraída, soltamos los hombros; tomamos conciencia del apoyo de la postura sobre el suelo, con el triángulo formado por las dos rodillas y los pies, sobre los que se sostiene en perfecto equilibrio la columna; tomamos conciencia de las manos apoyadas sobre los muslos o en el regazo con el dorso de la mano izquierda descansando sobre la palma de la mano derecha, con los pulgares en contacto. Los ojos están entrecerrados, con la mirada a 45º hacia el suelo.
  • Respiración. Dirigimos nuestra atención a la respiración. Tomamos conciencia del aire al entrar por la nariz en la inhalación, y lo seguimos en todo su recorrido hasta el hara (bajo vientre), donde se detiene un instante. A continuación, tomamos conciencia de todo el recorrido de la exhalación y al instante en que quedamos vacíos. La atención sigue estos cuatro tiempos de la respiración, sin forzarla, solo observándola, tanto si es lenta o rápida, larga o corta. De manera natural las pulsaciones bajan, nos relajamos y se reduce el estrés.
  • Actitud mental. Dirigimos nuestra atención a los contenidos de nuestra mente. Fácilmente la descubriremos agitada, repasando los acontecimientos del día, angustiada por algún hecho pasado o preocupada por el futuro. Simplemente nos damos cuenta de aquello que aparece en la conciencia, lo soltamos, nos desapegamos, lo dejamos marchar y regresamos a la atención plena a la respiración. Se trata del cultivo de mushin o “no mente”. Vamos dejando que la mente se vacíe, dando paso a la presencia en el aquí y ahora, con una atención abierta y receptiva a todo nuestro entorno, desde la ecuanimidad (sin juicios). Mushin es estado mental caracterizado por una ausencia de pensamientos y emociones, el cual permite a la mente permanecer abierta y adaptable a todas las circunstancias de la vida.

 

Kihon, Kata y Kumite

Una vez que acabamos mokusô, debemos mantener la atención plena durante Kihon, kata y Kumite.  Este “estado de alerta” o de presencia es zanshin, en el que percibimos todo lo que pasa a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos y estamos preparados a reaccionar en cualquier momento.

Durante mokusô o meditación sedente, los soportes de la atención plena son la postura corporal estática seiza y la respiración. Se trata de una meditación estática, y ahora vamos a aplicarlo a Kihon, kata y Kumite o meditación en movimiento.

Kihon, kata y Kumite comienzan con yôi: atento, preparado, que es la activación de la atención plena. Es como si al darle al interruptor de zanshin, se activa el estado de alerta. Habitamos y conectamos plenamente el cuerpo, conectamos con la respiración, y con ello conectamos con el ki. El ki sigue a la atención. Al ejecutar ahora las técnicas de Kárate-Dô con precisión, con velocidad y potencia, se produce el kime, uniéndose espíritu-técnica-cuerpo (shin– gi- tai). Shin gi tai se convierte, a través del entrenamiento continuo en una unidad, un ciclo completo que gira constantemente sobre sí mismo. El espíritu se expresa ahora en el cuerpo a través de la técnica.

El Kihon nos pone en contacto con las técnicas (gi) del Kárate-Dô, tomando conciencia de nuestro cuerpo (propiocepción): músculos, articulaciones, etc. y todo ello en movimiento. El soporte de la atención plena en la técnica nos permite darnos cuenta del equilibrio, la velocidad, la tensión y relajación, la potencia, la coordinación, los desplazamientos, respiración y el kime.

Los Kata, unen todos los elementos anteriores y añade el ritmo, la búsqueda de la perfección, el ser capaz de mantener ese estado de alerta zanshin antes y después del kata, y durante el mismo en cada uno de los movimientos, en cada pausa, de principio a fin, aumentando y disminuyendo la velocidad, con movimientos fluidos-lentos o potentes- rápidos.

En el Kumite el elemento que se incorpora es un oponente. En Kata y Kihon ya sabemos lo que viene a continuación y estamos coordinándonos con nosotros mismos. El Kumite explora una nueva dimensión técnica y mental, la capacidad de adaptarse al adversario, a lo imprevisto, tanto para anticiparse como para reaccionar de la manera adecuada. Es donde mushin se pone a prueba, ya que nuestra mente se llena aquí fácilmente con dudas, miedos, prisas, ansiedad, orgullos, decepciones, juicios y es más difícil mantener la atención al cuerpo y a la respiración para que de manera espontánea surjan las técnicas sin “pensarlas”.

Uno de los síntomas que indican la evolución en la práctica de esta actitud mental en nuestra práctica de Kárate-Dô es cuando las respuestas y gestos técnicos surgen de un modo natural, sin forzar, automáticamente y con kime. La mente ya no le dice al cuerpo lo que tiene que hacer: las técnicas aparecen con espontaneidad. En este estado mejora la percepción de sensaciones e intenciones y debería mantenerse durante toda la práctica.

 

Conclusión

Lo que hacemos en el Dojô: las actitudes, dificultades y fortalezas, suelen ser las mismas que las que tenemos en la vida cotidiana fuera del Dojô. El Dojô es pues como un espejo para conocernos mejor, para entrenar las actitudes y aptitudes, y extrapolarlas después al resto de nuestra vida.

Cuando conseguimos estar presentes en el aquí y ahora, con la mente vacía de ansiedad, apego, temor o juicios, se produce “kara” (el vacío), uno de los objetivos del Kárate-Dô. En palabras del Fudakoshi Gishin: “así como un espejo liso y limpio refleja sin distorsión, o el valle silencioso se hace eco del más débil sonido, así es como se debería estudiar el Kárate-Dô, liberándose de pensamientos egoístas y malos, porque solo con una mente vacía y una conciencia limpia se puede entender lo que se recibe. Éste es el elemento kara en el Kárate-Dô”.

En la persona no entrenada, el torrente emocional y mental fluye desbordado y automático. Desconectados de nuestra interioridad, las respuestas son reactivas, incoscientes. Hacemos, sentimos, pensamos y decimos cosas poco afortunadas de las que después muchas veces nos arrepentimos.

Con la práctica de la atención plena en el Karate-Dô, se desarrolla paulatinamente mushin, o estado de “no mente”, que es la ausencia de la mente de nuestro ego (la que está todo el día controlando, rumiando, deseando, temiendo, juzgando). Este cambio no se produce de forma inmediata, pero, con tiempo y entrenamiento, esta atención plena se despliega durante nuestra práctica en el Dojô y también en la vida cotidiana.

 

 

Bibliografía:

  • Diccionario de Karate Shôtôkan. Schlatt.
  • Zen en la Plaza del mercado. Dokushô Villalba
  • Artículo: Mindfulness en el dojo. Krischapman
  • Algunos aspectos importantes de mi práctica. Tesina para examen de 6ª Dan de Fco. Javier Jiménez Hoyos.
  • Varios artículos del portal web: https://karateyalgomas.com/

https://www.shotokanjka.cl/articulos/oichiban-articulos-detalle.php?id=35

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